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28 de abril de 2015

CUATRO IDEAS SOCIALMENTE INCORRECTAS SOBRE ESO QUE LLAMAMOS LA GENTE.

Nota previa: cuando aquí se dice gente entiéndase la mayoría o buena parte de la gente de este nuestro país. Afortunadamente, no toda.


1.- La gente ama y respeta la naturaleza. Falso. Eso es lo que dicen cuando les pregunta un reportero de televisión o cuando hablan con los demás. Sin embargo, cuando sales al campo y ves como está –repleto, aun en los parajes más lejanos, de restos, latas, plásticos, etc.- te das cuenta de la realidad.


2.- La gente respeta la cultura y trata de aprender. Falso. Lo normal es entrar en las casas de la gente y apenas encontrar libros. Tampoco se hallan periódicos de interés general (aquí no incluimos, desde luego, al AS o MARCA), ni otras revistas que no sean las del “corazón”.



3. La gente dice que es solidaria y manifiesta que no es xenófoba. Falso. Eso es hasta que les dicen que, cerca de su casa, se instalará un centro de rehabitación de toxicómanos o, o ven mudarse a unos inmigrantes al piso de al lado. Entonces, sale a relucir su verdadero yo, y pueden escucharse argumentos que produce vergüenza ajena.


4.- Los medios de comunicación son objetivos e independientes. Falso. No intentan ser objetivos, hace tiempo que abandonaron tal pretensión, porque ese no es su principal interés, sino servir fielmente a la causa ideológica que les resulta afín, ganando dinero siempre que sea posible, pues se trata de negocios. Y tampoco son independientes, pues dependen de la publicidad de los anunciantes, de los créditos bancarios y de sus relaciones con el gobierno de turno.

11 de abril de 2012

CINCO IDEAS SOCIALMENTE INCORRECTAS sobre la gente.

Nota previa: cuando aquí se dice gente entiéndase la mayoría o buena parte de la gente de este nuestro país. Afortunadamente, no toda.


1.- La gente ama y respeta la naturaleza. Falso. Eso es lo que dicen cuando les pregunta un reportero de televisión o cuando hablan con los demás. Sin embargo, cuando sales al campo y ves como está –repleto, aun en los parajes más lejanos, de restos, latas, plásticos, etc.- te das cuenta de la realidad.

2.- La gente repudia la corrupción política y a los corruptos. Falso. Las elecciones demuestran que no. A la mayoría de la gente le da igual que el de arriba robe si, a cambio, le mantiene su puesto de trabajo y su nivel de vida. Esto supone, en la gente, una característica ético-moral repudiable: aceptar el discurso de que no importa que se violen las leyes si, de algún modo, a mí me beneficia. Y conlleva la idea de que si estuviera en el lugar del político corrupto haría lo mismo.

3.- La gente respeta la cultura y trata de aprender. Falso. Lo normal es entrar en las casas de la gente y apenas encontrar libros. Tampoco se hallan periódicos de interés general (aquí no incluimos, desde luego, al AS o MARCA), ni otras revistas que no sean las del “corazón”.

4. La gente dice que es solidaria y manifiesta que no es xenófoba. Falso. Eso es hasta que les dicen que, cerca de su casa, se instalará un centro de rehabitación de toxicómanos o, o ven mudarse a unos inmigrantes al piso de al lado. Entonces, sale a relucir su verdadero yo, y pueden escucharse argumentos que produce vergüenza ajena.

5.- Los medios de comunicación son objetivos e independientes. Falso. No intentan ser objetivos, hace tiempo que abandonaron tal pretensión, porque ese no es su principal interés, sino servir fielmente a la causa ideológica que les resulta afín, ganando dinero siempre que sea posible, pues se trata de negocios. Y tampoco son independientes, pues dependen de la publicidad de los anunciantes, de los créditos bancarios y de sus relaciones con el gobierno de turno.

14 de abril de 2011

DE LA COMUNICACIÓN A LA PROPAGANDA

Sólo hay algo más patético que algún político expeliendo sin parar su verborrea, expresión del argumentario oficial que le ha entregado su formación y que el tipo ha memorizado a conciencia: un periodista afín a una marca política, de los popularmente denominados “tertulianos”, peleándose con denuedo de forma pseudodialéctica con otro, igualmente ardoroso, de signo contrario. Todo un espectáculo.

Hace ya tiempo que los medios de comunicación generalistas más importantes abandonaron las premisas del oficio periodístico para ponerse la camiseta de según que partido político. Cambiaron su fidelidad, y repudiaron al lector, al ciudadano. Y este viraje no es baladí, pues contradice uno de los soportes esenciales de la democracia: la existencia de medios de información libres e imparciales. De ahí el término “cuarto poder”, un recurso que tendrían los ciudadanos contra el abuso de los otros tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

El cambio aludido es fundamental. La misión esencial de los medios sería ahora la propaganda política, una propaganda “camuflada” bajo el paraguas de ser un medio de comunicación al que se le otorgaba la credibilidad de no servir bajo ninguna bandera. De este modo, el papel de los medios –en muchos casos un contrapoder- desaparecería y en su lugar se libraría una batalla ideológico-propagandística, siendo el objetivo de los contendientes la obtención del poder, político y económico.


Ignacio Ramonet explica las, a su juicio, causas de esta transformación: “Los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundial”. Así, añado yo, en su afán de crecimiento, son penetrados por el poder financiero y por las grandes multinacionales y fondos de inversión, que entran en el accionariado y acaban influyendo en su posicionamiento editorial. De esta forma, más allá de las clásicas funciones de informar, educar y entretener, el papel de los medios de comunicación social en la sociedad actual, está enfocado a crear y afianzar de forma continua, la ideología y conducta de consumo en el espectador, lo que favorece a las élites que detentan la hegemonía económica.